Un día tus hijos te preguntarán por él,
pero no hoy
y mientras tanto dormís en ese póster,
atlético, bello, joven, intratable,
Ricky Martín, José Feliciano, E. Iglesias,
Rodrigo, Los Lamas, Sombras, algún día
saldrán volando de tu puesto callejero de revistas.
Ídolos muertos, los únicos que los merecen
son los puestos callejeros del Once,
el cementerio de las Estrellas, su puerta
a la Inmortalidad.
Los ídolos mueren, los millonarios mueren,
los patrones mueren, pero los puestos callejeros
del Once no morirán nunca.
Vuelan los pliegues de papel ilustrado, de árboles
ilustrados, de celulosa ilustradas con cumbias,
melódicos, bachatas, merengazos, tropicales...
Sobre el cielo los pósters de nuestros ídolos,
esos que quisiéramos ser nosotros.
Sobre las luces de la camisería más grande del País.
Sobre las luces de nuestras almas esfumadas en las
letras de las mejores cumbias.
Nuestros ídolos son los únicos merecedores de
nuestro destino:
Ricky, Feliciano, Tormenta Tropical, Iglesias, Diego,
vuelan asustados por la situación del Once
hacia otros pagos, mientras una multitud de
legionarios fans levanta la cabeza.
Un día nuestros hijos nos preguntarán por él,
pero no hoy.
“El gran negocio está en la fantasía de la gente”.
¿Cuántas semanas gratis bajo el sol del Once
para recuperar la volantina posteril?
¿Cuántas noches de trasnochadas para recuperar
lo que el viento se llevó?
- “El viento se llevó un póster de Ricky Martín,
que era todo mi sustento”.