Qué hacer
si nuestros cuerpos
son como esos envoltorios
que llegaban de Vietnam
las mortajas de un deseo
trunco
de una voluntad
corrompida lentamente
por anuncios de TV.
Qué hacer
sino romper la bolsa
y nacer de nuevo
tatuarnos con fibrón
indeleble
otro nombre:
uno que le dé sentido
a todo esto.
