Hoy recordé tus manos sobre el teclado
tan melodramáticas en su apariencia ondulante,
tan individuales frente a las múltiples certidumbres de Scarlatti
que desde entonces ninguna música fue concebible
sin esos movimientos que creabas
a partir de una sabia articulación
y la tregua que imponías
a la disolución de la materia accidental.
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