16.10.20

NACIMIENTO DEL TANGO, LUIS BENÍTEZ


La luna vertical que se lleva el alba 
y que vio surgir y enajenar a tantas cosas, 
el mar que se condensa en el Río de la Plata, 
la calle que olvidaste nombrar cuando después, 
a la música, agregaste las palabras, 
te oyeron salir de la nada quizás en una flauta 
que se detuvo asombrada, tal vez 
en la melodía distraída de alguno. 
¿De qué susurro y latido, de qué silbido sin rumbo, 
de qué cadencia de pasos por qué calles apagadas 
nació el tango, de qué silencio de hombres solos? 
El negro bozal y el criollo amargo 
que despedían su tiempo 
y los rubios pobres que bajaron de los barcos 
y el campo en la ciudad, con la ternura 
y el dolor y la noche y el espanto 
fueron tu cuna y tus primeros pasos. 
Alguien oyó el destino de unos acordes 
perdidos en los rumbos de otras armonías 
y los reunió convertidos en la primera milonga. 
Ella acunó, madonna maleva, en sus brazos 
tu lágrima más joven, tango. 

Nacido de mujer, como los hombres.